
Los juegos de luz en las pompas de jabón llamaron la atención de Robert Hooke ya en el siglo XVII, siendo esas las primeras observaciones de interferencia. Pero el instrumento fue construido en 1881 por el físico estadounidense Albert Michelson, con la esperanza de detectar el misterioso 'éter' en el que supuestamente se propagaba la luz. El experimento de Michelson-Morley no encontró el éter, pero demostró la constancia de la velocidad de la luz. Hoy en día, los interferómetros láser LIGO y Virgo captan el temblor del espacio-tiempo producido por la fusión de agujeros negros.
Imagina dos botes en un lago tranquilo que reman sincronizadamente y crean círculos con los remos. Si los botes se mueven uno al lado del otro, los círculos se encuentran y forman zonas tranquilas y agitadas. Lo mismo ocurre en el interferómetro: las ondas de luz de una fuente recorren dos brazos y luego se suman. Si la distancia recorrida difiere ligeramente, unas ondas llegan 'cresta con cresta' y se refuerzan, mientras que otras llegan 'cresta con valle' y se anulan. Midiendo cuánto se desplazan las franjas, conocemos la diferencia microscópica de caminos.
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