
El fenómeno se observa desde la antigüedad: al mirar desde abajo del agua, la superficie puede parecer un espejo. En 1611, Kepler lo describió matemáticamente por primera vez, y más tarde Snell descubrió la ley de refracción que permite calcular el ángulo crítico.
La luz se mueve a diferente velocidad en distintos medios, lo que se describe mediante el índice de refracción. En la frontera entre un medio «lento» y uno «rápido», el rayo se curva. Si el ángulo de incidencia es demasiado grande, la curvatura es tan fuerte que la luz no sale, sino que regresa. Esto solo ocurre al pasar de un medio ópticamente más denso a uno menos denso.
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