El océano Pacífico funciona como un balancín: el agua se calienta ora en una orilla, ora en la otra. Cuando frente a las costas de Sudamérica hace un calor anómalo, llega El Niño, un año de clima extraño en todo el planeta. Ese balancín lo mece el viento. Son especialmente importantes las ráfagas cortas de viento del oeste, que duran solo una o dos semanas. Una de esas ráfagas golpea el agua como una palmada sobre una sábana tensa, y la onda cruza todo el océano.
Antes, los científicos describían esas ráfagas como un ruido de fondo uniforme, como si el viento soplara siempre igual. Pero antes de un El Niño grande, las ráfagas vienen en series, como si alguien lanzara piedra tras piedra a un estanque. El nuevo modelo dice: mientras el agua está fría, el viento permanece tranquilo. Pero en cuanto el océano se calienta aproximadamente un grado y medio por encima de lo normal, él mismo comienza a generar nuevas ráfagas. El agua cálida modifica el aire que tiene encima, y este se desata en sacudidas cortas y potentes.
La verificación con datos de 153 años confirmó que este modelo muestra correctamente que antes de un El Niño fuerte hay más ráfagas que antes de uno débil. Esto ayuda a predecir mejor los años cálidos peligrosos. Ahora el balancín del océano deja de ser un misterio: se ve de dónde sale la mano que lo empuja.
Las ráfagas de viento del oeste duran solo una o dos semanas, pero pueden desencadenar una cadena de ondas oceánicas de Kelvin que, en pocos meses, calientan la parte oriental del Pacífico varios grados.