En las primeras semanas de vida del embrión, una densa bandada de células se arrastra por su cuerpo. De ellas se formarán más tarde los huesos de la cara, partes del corazón y los nervios. Esta bandada no se mueve de cualquier manera: al frente van unas pocas células líderes, y las demás las siguen, como los ciclistas en el pelotón.
Durante mucho tiempo se pensó que los líderes eran una estirpe especial de células, predestinadas desde el nacimiento a guiar. Pero las observaciones en vivo muestran otra cosa: una célula que hoy lidera, mañana puede estar en la cola. Así que el papel de líder no está grabado a fuego en la célula, sino que surge sobre la marcha.
El nuevo modelo describe cada célula como una pequeña brújula. La aguja de la brújula —la "polaridad"— indica hacia dónde quiere arrastrarse la célula. La brújula gira según cuánto tiempo ha sentido la célula la señal química. Si la señal ha venido de frente durante un buen rato, la aguja apunta hacia adelante y la célula se convierte en líder. Si la señal es débil o confusa, la célula se mantiene pegada a las vecinas.
Al poner en marcha miles de estas células en una simulación por computadora, los científicos vieron cómo, a partir de una total uniformidad, surge por sí sola una bandada con líderes. Nadie nombró a los líderes: aparecieron a partir de reglas comunes, como la ola en un estadio surge de levantamientos individuales.
El modelo se comparó con imágenes reales del movimiento celular en embriones de pollo. El comportamiento coincidió: tanto en la vida real como en la simulación, los líderes van al frente y los demás los siguen, pero los roles pueden cambiar en cualquier momento.
Las células de la cresta neural recorren en el embrión una distancia de varios milímetros; para una célula, eso es como si una persona cruzara una ciudad a pie.