Un bit cuántico es como un diapasón que vibra a su propia frecuencia. Para conocer su estado, se coloca cerca un micrófono-resonador. Normalmente, el diapasón y el micrófono se conectan mediante un muelle-condensador: el sonido se transmite, pero el diapasón empieza a vibrar por ruidos externos y puede desajustarse.
En el nuevo trabajo, el muelle se sustituyó por un híbrido: un muelle normal más un contacto superconductor que solo deja pasar la señal en una dirección. Ahora el diapasón apenas percibe interferencias: no necesita un amortiguador adicional. Además, el propio micrófono se ha vuelto tan sensible que, por su respuesta, se pueden distinguir claramente los dos estados del bit.
Este enfoque no requiere amplificadores cuánticos caros ni filtros voluminosos. Simplifica el circuito del ordenador cuántico y lo hace escalable: cuantos más bits haya, más ventajoso resulta ahorrar en cada canal de medición.
En el experimento se logró prescindir del amplificador enfriado a temperaturas ultrabajas, que cuesta tanto como un automóvil.