Una región del cerebro del tamaño de un guisante hace que una rata se detenga a mitad de un paso. Un rayo láser incide sobre células sensibles a la luz y el animal se queda quieto, como si hubiera chocado con una pared invisible. Así funciona el núcleo pedunculopontino rostral, un conjunto de neuronas en el tronco encefálico que controla el movimiento.
Los autores del estudio montaron un equipo económico con una cámara y una mini computadora. La cámara seguía a la rata en tiempo real y la computadora decidía por sí sola cuándo encender el láser. Nada de un humano al mando: solo automatización. Cuando la rata entraba en la esquina marcada de la jaula, el láser la hacía detenerse. Tras varias sesiones, la rata comenzaba a buscar esa esquina por su cuenta.
Resulta que esta región del cerebro no solo frena el movimiento. También vincula la detención con algo placentero, con la expectativa de una recompensa. Quizás así es como el cerebro aprende a detenerse en el momento adecuado, no por miedo, sino por beneficio. Esto cambia la forma en que entendemos el control de nuestras acciones.
El equipo costó una fracción del precio de los equipos de laboratorio, pero funcionó igual de bien. Eso significa que estos experimentos se pueden repetir en cualquier laboratorio del mundo, sin necesidad de instrumentos costosos.
Las ratas se quedan inmóviles no solo por miedo, sino también cuando esperan una recompensa. En este experimento, la detención del movimiento en sí misma se convirtió en la recompensa: el animal buscaba el lugar donde lo obligaban a detenerse.
En 'Matrix', las personas se detienen cuando tienen un controlador implantado en el cerebro. Aquí, un láser controla el movimiento de la rata, pero ella misma corre hacia ese rayo.