En una nube fría de átomos de sodio y rubidio, los físicos han ensamblado por primera vez moléculas que giran como peonzas lanzadas. Normalmente, en los experimentos ultracold, los átomos se unen en pares sin rotación, como dos personas que se toman de la mano y permanecen quietas. Aquí, en cambio, los pares recibieron un impulso adicional: giran alrededor de un eje común, y esa rotación cambia su comportamiento.
Para crear estos pares, los científicos usaron un campo magnético. Funciona como un pegamento: con cierta configuración, el campo hace que los átomos de sodio y rubidio se atraigan y formen una molécula. Primero, los investigadores encontraron la intensidad de campo adecuada: unos 284 gauss (aproximadamente 600 veces más fuerte que el campo magnético de la Tierra). Luego unieron los átomos y obtuvieron dos tipos de moléculas: unas giraban en una dirección y otras en la opuesta, como peonzas lanzadas en sentidos distintos.
Estas moléculas giratorias son una nueva herramienta para explorar el mundo cuántico. La rotación les da "carácter": pueden interactuar de manera diferente con sus vecinos según la dirección de giro. Es similar a cómo los engranajes de un reloj se acoplan solo si giran en la dirección correcta. En el futuro, esto ayudará a crear nuevos materiales cuánticos y a modelar con mayor precisión las reacciones químicas.
El campo magnético que une los átomos en moléculas es unas 600 veces más fuerte que el campo de la Tierra, pero miles de veces más débil que el de un escáner de resonancia magnética.