En el grafeno se puede controlar con precisión la densidad de electrones, pero las inhomogeneidades dificultan el estudio de sus interacciones a bajas concentraciones. Utilizando dos capas de grafeno con una capa aislante ultrafina de nitruro de boro, los científicos lograron un apantallamiento mutuo de las fluctuaciones de carga, lo que aumentó drásticamente la movilidad de los portadores. Las oscilaciones cuánticas aparecieron en campos magnéticos inferiores a 1 mT, y los efectos Hall cuánticos entero y fraccionario se manifestaron a campos récord bajos (0,002 T). Es como si dos finas mantas superpuestas alisaran las arrugas, permitiendo ver los detalles más pequeños. El resultado abre el camino para estudiar estados cuánticos exóticos.
El grafeno es una película de carbono de un solo átomo de espesor, un excelente conductor. Pero su superficie es arrugada, como un mantel sin planchar. Los científicos crearon un «sándwich»: dos de esas láminas fuertemente presionadas contra un espaciador que no deja pasar la corriente. Se alisan las arrugas mutuamente, como las dos rebanadas de pan de un sándwich que convierten la superficie en perfectamente lisa. En este sándwich atómicamente liso, los electrones se deslizan sin el menor retraso.
Pero la sorpresa más inesperada: en esta estructura ultrapura, los electrones empiezan a «dividirse». Su colectivo crea partículas con una carga tres veces menor de lo normal. No es un truco, sino una clave para entender la naturaleza profunda de la materia y un paso hacia la electrónica del futuro.
🎯 Los electrones en el sándwich de grafeno se comportan como si cada uno se hubiera dividido en tres partes: este fenómeno cuántico abre el camino a partículas con propiedades exóticas.