
Desde la antigüedad se usaba el carbón y el hollín, pero que el diamante es el mismo carbono solo se demostró en 1772, cuando Lavoisier quemó un diamante y obtuvo dióxido de carbono.
El secreto del carbono está en su capacidad para formar cuatro enlaces, como cuatro manos con las que se agarra a otros átomos. Gracias a esto construye largas cadenas y anillos, creando toda la diversidad de la química orgánica, desde la gasolina hasta las proteínas.