El meteorito Murchison, que cayó en Australia en 1969, guarda motas de polvo más antiguas que el sistema solar. Entre ellas hay diminutos granos de grafito de menos de una milésima de milímetro. En cinco de esos granos se encontró el isótopo estroncio-84: sus átomos son un poco más ligeros que los del estroncio común.
Ese estroncio no pudo formarse en una estrella tranquila como una gigante roja. Solo lo producen estrellas muy masivas, las que terminan su vida en una explosión de supernova. En el interior de esa estrella, donde abunda el oxígeno, los isótopos ligeros de estroncio se crean de un modo especial: por captura de protones. Luego la explosión los lanza al espacio junto con el polvo de carbono.
Los granos de grafito con este estroncio son como pequeñas cápsulas del tiempo. Se condensaron en las capas externas de la estrella explosionada, mezclándose con material de sus ardientes profundidades. Ahora, miles de millones de años después, esas motas llegaron al meteorito y nos hablan del cataclismo que ocurrió antes de que naciera el Sol.
El meteorito Murchison contiene más de 70 aminoácidos distintos, los bloques de construcción de la vida, muchos de los cuales no se encuentran en la Tierra.
En la novela «Solaris» de Stanisław Lem, el océano del planeta reproduce estructuras de la memoria humana; de igual modo, los granos presolares guardan memoria de las explosiones estelares.