El cielo nocturno está lleno de faros, pero algunos brillan de tal manera que casi no se ven. Los astrónomos han descubierto una nueva clase de objetos: las fuentes de rayos X hiperblandas. Son tan «frías» para los estándares de los rayos X que su emisión cae en la frontera entre el ultravioleta y los rayos X blandos, donde los telescopios convencionales son casi ciegos.
Estas fuentes son sistemas binarios en los que un objeto compacto (un agujero negro, una estrella de neutrones o una enana blanca) roba gas a su estrella compañera. La materia que cae se calienta y emite luz, pero en las fuentes hiperblandas la temperatura es más baja que en las binarias de rayos X típicas. Por eso su luz se desplaza hacia el ultravioleta, que es absorbido por el polvo y el gas interestelar. Antes, estos objetos simplemente pasaban desapercibidos, como una linterna tenue junto a un reflector.
El descubrimiento es importante para entender la vida de las galaxias. Las fuentes hiperblandas podrían ser progenitoras de las supernovas de tipo Ia, esas «velas estándar» con las que se miden las distancias en el universo. Además, su radiación ultravioleta puede ionizar el gas de las galaxias, influyendo en el nacimiento de nuevas estrellas.
Ahora que se ha encontrado la zona ciega, los astrónomos pueden revisar imágenes antiguas y buscar estos objetos en galaxias vecinas. Quizás estos faros invisibles no sean tan raros después de todo.
Las fuentes hiperblandas son tan frías para el rango de los rayos X que su emisión equivale a una temperatura de un millón de grados, pero las binarias de rayos X típicas son decenas de veces más calientes.
En la novela «Solaris» de Stanislaw Lem, el océano del planeta emite en rangos inaccesibles para los instrumentos convencionales; de igual manera, las fuentes hiperblandas permanecieron invisibles para la mayoría de los telescopios.