Una computadora cuántica es como una orquesta donde cada músico debe tocar estrictamente su nota. Pero en la sala hay ruidos invisibles: defectos en los contactos superconductores que sacan a los cúbits del ritmo. Estos defectos se llaman sistemas de dos niveles. Son como grietas en el vidrio: pequeñas, pero capaces de arruinar todo el panorama.
Los autores del trabajo decidieron averiguar de dónde salen esas grietas. Reunieron un enorme conjunto de datos: 6000 contactos de aluminio y óxido de aluminio, además de más de 600 imágenes con resolución atómica. Resultó que cuanto más gruesa es la película de aluminio y más grandes son los granos del metal, menos defectos hay. Es como si una película gruesa y homogénea fuera más resistente que una delgada y granulada.
Este enfoque —grandes datos más microscopía— abre el camino a circuitos cuánticos más fiables. Menos defectos, menos ruido, y por tanto los cúbits podrán mantener sus estados cuánticos durante más tiempo. Es un paso para que la orquesta cuántica suene más limpia.
Los sistemas de dos niveles se comportan como diminutos imanes que se voltean al azar y molestan a los cúbits.