Un imán de nevera atrae un clip: ese campo lo sentimos con las manos. Ahora reduzca ese campo mil millones de veces. Señales tan débiles son las que emiten los átomos dentro de nuestro cuerpo, y son muy difíciles de captar.
Los científicos construyeron un sensor con moléculas especiales que actúan como diminutos imanes. Estas moléculas se colocaron en una gota del tamaño de una bacteria, aproximadamente una millonésima de milímetro. El problema es que los imanes interfieren entre sí, como músicos que tocan cada uno por su lado. Los investigadores idearon un "director": una secuencia de pulsos de radio que hace que todas las moléculas oscilen al unísono. Gracias a ello, la señal no se desvaneció durante 400 microsegundos, miles de veces más que antes.
Con esta herramienta, los científicos captaron la señal de unas decenas de átomos situados en las proximidades. El sensor puede fijarse directamente a la molécula en estudio, como si se pegara un micrófono a la cuerda de una guitarra. Esto abre el camino para observar el funcionamiento de proteínas y fármacos a nivel de átomos individuales.
Así, unos diminutos imanes en una gota se han convertido en oídos capaces de escuchar el susurro de los átomos.
El sensor funciona en una gota de una millonésima de milímetro cúbico, mil veces más pequeña que el punto al final de esta frase.
Estos sensores recuerdan al tricorder de 'Star Trek', un dispositivo que escanea la materia a nivel molecular.