Un trozo de combustible nuclear dentro del reactor no es solo un sólido. Al calentarse, los átomos de uranio comienzan a "mover" sus momentos magnéticos, y ese movimiento altera la conductividad térmica y otras propiedades. Antes era casi imposible calcular con precisión ese comportamiento: los cálculos cuánticos exigen recursos inimaginables, y los modelos convencionales no tienen en cuenta la conexión entre el magnetismo y las vibraciones de la red cristalina.
Ahora ha acudido al rescate una red neuronal. Le han dado de comer miles de cálculos cuánticos para distintas configuraciones magnéticas del uranio, y ha aprendido a predecir la energía y las fuerzas que actúan sobre los átomos. Con esta red neuronal han logrado simular el comportamiento de millones de átomos y ver cómo, al calentar, el orden magnético se desmorona: como una fila de soldados que se dispersa en una multitud.
Por ahora el modelo falla en los detalles: a bajas temperaturas predice un estado magnético distinto del que se observa en el experimento. Pero reproduce la transición con la temperatura correcta. Es un paso importante: significa que las redes neuronales pueden sustituir a los costosos cálculos cuánticos para sistemas grandes y ayudar a diseñar combustible nuclear más seguro y eficiente.
El dióxido de uranio se funde a 2865 °C, una temperatura superior a la superficie de la lava fundida, pero inferior a la del arco de soldadura eléctrica.