
La temperatura por encima de la cual un material ferromagnético pierde su magnetización permanente.La temperatura de Curie es el punto crítico en el que un material ferromagnético transita de tener una magnetización permanente espontánea a convertirse en paramagnético. Por debajo de esta temperatura, los momentos magnéticos atómicos se alinean de manera coordinada, produciendo un campo magnético neto. Por encima de ella, las fluctuaciones térmicas superan la interacción de intercambio que mantiene los momentos alineados, y el material pierde su capacidad de retener la magnetización en ausencia de un campo externo. Esta transición es un ejemplo clásico de transición de fase de segundo orden.
Lleva el nombre de Pierre Curie, quien en 1895 demostró que la susceptibilidad magnética de un ferromagneto por encima de su temperatura de transición sigue la ley de Curie-Weiss, basándose en trabajos anteriores de James Clerk Maxwell y otros. El concepto fue refinado posteriormente por Pierre Weiss con su teoría del campo molecular.
En un ferromagneto, los espines atómicos vecinos se alinean debido a la interacción de intercambio de origen cuántico. A medida que la temperatura aumenta, la energía térmica incrementa las fluctuaciones aleatorias de los espines. En la temperatura de Curie, el mínimo de energía libre se desplaza del estado ordenado (magnetizado) al estado desordenado (paramagnético). La susceptibilidad magnética diverge en este punto, y la magnetización espontánea cae a cero siguiendo una ley de potencias con un exponente crítico. En términos prácticos, calentar un imán por encima de su temperatura de Curie destruye su magnetismo permanente, que puede restaurarse enfriándolo en un campo magnético externo.
Es crucial para el almacenamiento de datos magnéticos (asegurando que los bits permanezcan estables a temperaturas de operación), sistemas de refrigeración magnética, y en geofísica para entender la magnetización de las rocas y la historia del campo magnético terrestre.
La temperatura de Curie del hierro es de 770 °C, por lo que un imán de herradura arrojado a una fogata pierde su magnetismo, pero un imán de samario-cobalto con una temperatura de Curie superior a 800 °C sobreviviría al mismo fuego.
















