En un edificio de tres pisos hecho de níquel y oxígeno faltan dos residentes. Los físicos llaman agujeros a estos espacios vacíos, y de su ubicación depende si el material se convierte en superconductor —un conductor sin pérdidas.
La mecánica cuántica describe estos agujeros como partículas reales con carga positiva. En el estado normal, un agujero queda encerrado en el piso intermedio y el otro cuelga entre los pisos. La corriente no tiene por dónde pasar.
Los cálculos por computadora mostraron que, al comprimirse, los agujeros se mudan a las capas exteriores y forman pares que transportan corriente sin resistencia. Es como si los residentes se trasladaran del centro de la casa a las alas laterales y establecieran una comunicación fluida entre ellos.
Así, el niquelato de tres capas La4Ni3O10 repite el comportamiento de su pariente de dos capas La3Ni2O7, en el que ya se había observado superconductividad bajo presión en experimentos.
Un agujero no es simplemente la ausencia de un electrón: se comporta como una partícula con carga positiva y masa propia, y puede transportar corriente igual que los electrones.