Un paciente con esquizofrenia acude a un procedimiento que se siente como un leve cosquilleo en el oído. El médico enciende un pequeño estimulador eléctrico fijado al pabellón auricular y, tras unas semanas, en algunos la apatía y el aislamiento remiten, mientras que en otros no cambian nada. Hasta ahora, era imposible predecirlo.
Un grupo de investigadores decidió mirar dentro del cerebro antes de comenzar el tratamiento. Registraron electroencefalogramas (EEG) de 50 pacientes con esquizofrenia resistente a fármacos y luego entrenaron un programa informático para encontrar en esos registros señales que presagien una mejora. El objetivo principal era reducir los llamados síntomas negativos: pérdida de motivación, embotamiento afectivo y aislamiento social. Estos síntomas son los más difíciles de tratar.
El programa pudo predecir con precisión cuánto mejoraría el estado del paciente tras el ciclo de estimulación (20 sesiones en dos semanas). Además, la predicción solo funcionó para quienes recibieron estimulación real, no placebo, y solo para los síntomas negativos, no para delirios o alucinaciones. Esto significa que los ritmos cerebrales hallados no son casuales: reflejan el propio mecanismo de acción del método.
Ahora el médico podrá saber de antemano a quién le servirá la estimulación y no hará perder el tiempo al paciente con un procedimiento ineficaz. Y esos mismos ritmos que predicen la respuesta quizá se conviertan en el objetivo de nuevas y más precisas formas de ajustar el cerebro.
La estimulación del nervio vago a través del oído es como un masaje al «centro de control» del cuerpo: el nervio conecta el cerebro con el corazón, los pulmones y el intestino, y su rama auricular es accesible sin cirugía.
En la serie «Black Mirror», el episodio «Arkangel» muestra cómo una tecnología que vigila el cerebro cambia el comportamiento de una persona; aquí, en cambio, las ondas cerebrales solo predicen a quién le servirá el tratamiento.