Los científicos buscan planetas alrededor de estrellas lejanas mediante la ligera oscilación de la estrella: el planeta la atrae, y la luz de la estrella se vuelve ligeramente azul o roja. Pero las estrellas también tienen su propia ondulación: manchas oscuras y fáculas brillantes en su superficie. Estas también desplazan la luz, y es difícil distinguirlas de un planeta.
El Sol es la única estrella cuyas manchas se pueden ver en detalle. Los investigadores tomaron imágenes de la superficie solar y encontraron en ellas regiones activas de una manera nueva: como si tamizaran la imagen con un colador fino, dejando solo los contornos nítidos. Luego, en la computadora, calcularon cómo estas regiones deberían afectar la luz y la oscilación del Sol.
Este mismo truco se puede aplicar a otras estrellas. Si el modelo reproduce bien las perturbaciones solares, se puede confiar en él incluso donde las manchas no son visibles. Así, los astrónomos podrán descartar señales falsas y encontrar de manera más fiable planetas del tamaño del nuestro.
Las manchas solares son unos 1500 grados más frías que la superficie circundante, por lo que parecen oscuras, aunque en realidad están a 3500 grados.
En la novela de Arthur C. Clarke 'Cita con Rama', los astrónomos notan por casualidad un objeto extraño porque no se parece a las perturbaciones habituales de la actividad estelar.