
Una medida de la textura de una superficie, cuantificada por las desviaciones en la dirección del vector normal respecto a su forma ideal.La rugosidad superficial cuantifica las desviaciones del vector normal de una superficie real respecto a su forma ideal perfectamente lisa. Es una medida estadística de los picos y valles microscópicos que existen en todas las superficies físicas, típicamente caracterizada por parámetros como Ra (rugosidad promedio) o RMS (raíz cuadrática media). La rugosidad afecta cómo las superficies interactúan con la luz, los fluidos y entre sí, y es crítica en campos que van desde la tribología hasta la óptica.
El estudio sistemático de la rugosidad superficial comenzó en la década de 1930 con el desarrollo de la perfilometría. El concepto ganó rigor cuantitativo con la llegada de la geometría fractal en los años 80, que mostró que muchas superficies naturales son autoafines a través de las escalas.
La rugosidad se mide con perfilómetros o microscopios de fuerza atómica que trazan el perfil de altura de la superficie. Los datos se analizan estadísticamente: Ra es la desviación absoluta media respecto a la altura promedio, mientras que RMS es la desviación estándar. La escala de la rugosidad importa: las características desde nanómetros hasta milímetros influyen en diferentes fenómenos, como el mojado, la adhesión y la dispersión.
La rugosidad superficial se diseña en la fabricación para controlar la fricción, el desgaste y el sellado; en óptica determina las pérdidas por dispersión; y en microfluídica afecta la resistencia al flujo y la mezcla.
Una superficie que parece perfectamente lisa a simple vista puede tener variaciones de rugosidad de solo unos pocos nanómetros, y sin embargo, esas variaciones pueden dispersar suficiente luz como para arruinar el rendimiento de un espejo de precisión.








