La placenta es como un mercado bullicioso donde el oxígeno pasa de la madre al hijo. Si los puestos están bien alineados y la mercancía se reparte rápido, alcanza para todos. Pero si los pasillos se congestionan, empiezan los atascos: en unos sitios hay de sobra y en otros falta. Los científicos han encontrado la manera de asomarse a este mercado con un resonador magnético (RM) y, con una sola imagen, ver dos cosas a la vez: cuánto oxígeno hay en cada rincón de la placenta y lo desigual que es su reparto.
En embarazadas sanas, conforme avanza el embarazo, el oxígeno se distribuye cada vez más en manchas, pero en la parte central se mantiene una zona uniforme: allí la sangre se mezcla y se renueva bien. En cambio, del lado fetal, donde la sangre ya ha cedido el oxígeno, las manchas son más marcadas. En caso de complicaciones, esta irregularidad aumenta, sobre todo en el lado fetal: parece que allí la sangre se estanca y se renueva mal.
Esta doble mirada ayuda a entender cómo se las arregla la placenta en las distintas etapas del embarazo y podría convertirse en una señal de alarma temprana ante problemas gestacionales. En lugar de esperar a que aparezcan síntomas evidentes, el médico podrá ver que en el mercado del oxígeno empiezan los desabastecimientos.
La placenta es el único órgano que el ser humano vuelve a crear en cada embarazo y que muere por completo tras el parto.