Dentro de un trozo de metal, los electrones no se quedan quietos, sino que se mueven como el agua de un río. Pero no se puede ver ese movimiento directamente: es demasiado rápido y diminuto. Los científicos idearon un camino indirecto: toman "instantáneas congeladas" del líquido electrónico a diferentes temperaturas y, a partir de ellas, reconstruyen cómo se movían exactamente los electrones.
En el nuevo trabajo se compararon dos maneras de hacer esa reconstrucción. La primera es como un restaurador que, a partir de unos pocos fragmentos conservados de un fresco, dibuja pacientemente toda la escena. Da detalles muy precisos, pero requiere mucho tiempo. La segunda es como un pintor impresionista que con pinceladas rápidas transmite la impresión general. Es menos exacta en los detalles, pero trabaja mucho más rápido.
Ambos métodos reconstruyeron el cuadro del movimiento de los electrones y los resultados coincidieron. Esto significa que se puede usar el método rápido con confianza: ahorra horas de cálculo. Estos cálculos son necesarios para entender qué le ocurre a la materia en las profundidades de los planetas o en experimentos con láseres de alta potencia.
La temperatura del líquido electrónico en estos cálculos puede alcanzar millones de grados: más caliente que el centro del Sol.