Dos observadores vigilan el océano Pacífico. Uno examina los mapas térmicos de la superficie; el otro escucha el ritmo de la temperatura y la acumulación de calor en la columna de agua. Por separado, cada uno solo percibe una parte del panorama, pero juntos pueden detectar la aproximación de El Niño con varios meses de antelación, antes de que la corriente cálida altere el clima en todo el planeta.
El Niño, la fase cálida de la oscilación climática en el Pacífico ecuatorial, trae sequías a Australia e inundaciones a Perú, y afecta la pesca y las cosechas. Un pronóstico preciso con seis meses de anticipación da tiempo para prepararse. Investigadores de la Universidad Nacional de Vietnam han construido el modelo ConvLSTM-XT, que integra a los dos observadores en una sola arquitectura. Una red neuronal convolucional (CNN) procesa los mapas térmicos de la temperatura superficial del mar (SST), mientras que una memoria a largo plazo (LSTM) analiza las series temporales de temperatura y contenido de calor oceánico (OHC). Los datos abarcan desde enero de 2000 hasta septiembre de 2023, y la región se limita a la zona Niño 3.4 (5°S–5°N, 120°–170°O).
La precisión del pronóstico alcanzó el 90,57% en configuraciones donde al menos uno de los cinco trimestres usaba observaciones reales y el resto eran pronósticos. Cuando los cinco trimestres se pronosticaron sin apoyo de observaciones, la precisión cayó al 83,02%. El análisis cualitativo de los mapas térmicos de marzo a septiembre de 2023 mostró que el modelo captó la transición de anomalías frías a cálidas, característica del desarrollo de El Niño, aunque no siempre superó el umbral de 0.5°C en los cinco períodos. Los dos observadores, uniendo esfuerzos, ya ofrecen varios meses de ventaja frente a la anomalía climática.
El Niño de 1982–1983 casi destruyó la población de anchoa peruana, de la que dependía la mayor pesquería del mundo. Las capturas cayeron de 12 millones de toneladas a menos de 1 millón de toneladas.
En la novela de Kim Stanley Robinson 'Las cuarenta señales de lluvia', los modelos climáticos juegan un papel clave en la predicción de fenómenos meteorológicos extremos, y los científicos luchan por que sus pronósticos sean escuchados por los políticos. El desarrollo de modelos más precisos de El Niño resuena con este tema: cuanto más temprana y precisa sea la advertencia, mayores serán las posibilidades de adaptación.