El ultrasonido atraviesa el hueso como la luz solar a través de un vidrio esmerilado, pero la imagen resultante es borrosa. El cráneo es irregular y denso, dispersa las ondas sonoras, por lo que es difícil dar en el blanco exacto en el cerebro. Los dispositivos convencionales intentan corregir esto con electrónica, pero el resultado sigue lejos de ser ideal.
La nueva idea es fabricar una lente que replique físicamente la forma del cráneo de una persona concreta. Su superficie se calcula para que las ondas, al atravesarla, se igualen y se enfoquen en un punto determinado. La lente se ajusta a la piel y al hueso, reduciendo las pérdidas de sonido en la interfaz entre medios. En simulaciones por computadora para diferentes personas, esta lente enfocó de manera consistente el ultrasonido en las profundidades del cerebro, sin exceder los niveles seguros de presión.
Este enfoque abre el camino al tratamiento no invasivo de enfermedades cerebrales, desde el temblor hasta los tumores. La tecnología es similar a las gafas que se ajustan a cada ojo, solo que aquí no se corrige la luz, sino el sonido.
El cráneo humano absorbe hasta el 70% de la energía del ultrasonido, por lo que adaptar la lente a la forma específica del hueso podría duplicar la eficacia del tratamiento.
En la película 'Desafío total', los recuerdos se implantaban mediante dispositivos internos, pero las lentes de ultrasonido del futuro podrían hacerlo sin una sola incisión.