Una ciudad gigante de miles de galaxias está envuelta en una nube invisible de gas ardiente. Ese gas es como el aire de una habitación: puede estar en calma o agitarse con corrientes. Los astrónomos apuntaron un 'termómetro' de rayos X de última generación hacia esa ciudad —el cúmulo Abell 1795— y midieron a qué velocidad se mueve el gas allí. En el centro, se desplaza a paso de peatón: unos 110 kilómetros por segundo; en las afueras, se ralentiza hasta 70. Las propias galaxias del cúmulo se mueven decenas de veces más rápido.
La gran sorpresa estaba en el mismo centro. Allí donde normalmente ruge un agujero negro, el gas resultó estar casi inmóvil respecto a la galaxia gigante central. Como si alguien hubiera apagado el ventilador en la habitación y el aire se hubiera quedado quieto. Además, el instrumento distinguió en ese 'aire' dos capas a distinta temperatura —una caliente y otra aún más caliente— que coexisten por separado, como el aceite y el agua. Es la prueba directa de que el gas en el núcleo del cúmulo es multicapa, no homogéneo. Antes se pensaba que una 'cola' fría de gas se extendía detrás de la galaxia, como el humo de una chimenea. Los nuevos datos muestran que la cola no se extiende, sino que asciende. Parece que el agujero negro actúa como una bomba de burbujas que eleva el gas frío, y no como un secador que lo empuja hacia atrás.
La velocidad del gas en el centro del cúmulo (114 km/s) es solo tres veces mayor que el récord de un coche de carreras en la Tierra. Para escalas cósmicas, es más lento que el avance de un caracol.
En la novela 'Cita con Rama' de Arthur C. Clarke se describe una nube de gas inteligente dentro de un cúmulo de galaxias —casi como el plasma multicapa en el núcleo de Abell 1795, pero vivo.