Un diapasón produce un tono puro, pero si lo golpeas con demasiada fuerza, empieza a vibrar con un timbre sucio, y el músico podría confundir ese timbre con una complejidad del sonido. Con la temperatura superficial del Atlántico tropical ocurrió algo parecido: durante tres décadas se la describió como un sistema multifractal, como si el océano se comportara de manera distinta en cada escala, como una orquesta donde cada sección toca su propia partitura. Un nuevo estudio muestra que el timbre sucio era un artefacto del ajuste del instrumento, no una propiedad del Atlántico.
Los científicos tomaron tres series de números: la temperatura de todo el cinturón tropical, la del sector sur y la diferencia de temperatura entre el norte y el sur. Midieron cómo varían las fluctuaciones de temperatura al pasar de intervalos cortos a largos. Antes se creía que el patrón cambiaba según la escala, y a eso se le llamaba multifractalidad. Pero al elegir el rango de escalas adecuado (de 18 a 100 semanas), resultó que las tres series se comportan igual en todas las escalas, lo que se conoce como monofractalidad. La diferencia que se veía antes surgía porque en el análisis se incluían tramos demasiado largos, donde el patrón cambia por otra razón.
El diapasón vuelve a sonar limpio si se sostiene correctamente. Antes de declarar que un sistema es complejo, conviene comprobar si el instrumento no está vibrando con un timbre sucio. Esta lección sirve no solo para el océano, sino para cualquier medición en la que se busque complejidad oculta en los datos.
La anchura del espectro multifractal del TSA, al ampliar el rango de escalas de 100 a 230 semanas, se desplomó 20 veces, de 0.217 a 0.010. Es un ejemplo claro de cómo un solo parámetro de ajuste puede cambiar por completo la conclusión sobre la complejidad de un sistema.