Cada invierno, frente a las costas de Perú, el agua se vuelve más cálida o más fría de lo normal. Al estado cálido se le llama El Niño, y al frío, La Niña. Ambos fenómenos afectan al clima en todo el mundo: en unos lugares provocan sequías y en otros, inundaciones. Y ambos suelen alcanzar su máxima intensidad en diciembre.
El océano funciona como un columpio con retardo: si hoy el agua se calienta, las consecuencias no se manifiestan de inmediato, sino varios meses después. Por eso los científicos describen este fenómeno con una ecuación con memoria. En ese modelo, la velocidad de cambio de la temperatura depende no solo de lo que ocurre ahora, sino también de lo que ocurrió antes. El ciclo estacional, es decir, el cambio de estaciones, actúa como un empuje rítmico externo.
Los matemáticos añadieron a la ecuación el efecto estacional y construyeron un mapa de cómo se comporta el sistema en distintas condiciones. Resultó que las regiones de coincidencia de ritmos son muy estrechas. Por eso, el El Niño real no se repite estrictamente cada año, aunque tiende a alcanzar su pico en diciembre. Los científicos también descubrieron que el modelo no reproduce todo el caos del clima real, por lo que para hacer predicciones precisas hay que complicarlo.
El número de rotación en un toro invariante puede ser racional (entonces la dinámica es periódica) o irracional (entonces la trayectoria llena densamente el toro). En este trabajo, para calcular el número de rotación se necesitaron alrededor de 768 000 cálculos, que tomaron aproximadamente 8 horas en una computadora Apple M1.