Podemos imaginar el universo en expansión como una pista de baile que se estira sin cesar. Los monopolos y antimonopolos son como bailarines que buscan pareja para desaparecer en un abrazo. Antes se creía que con el tiempo todas las parejas se encontraban y la pista se vaciaba. Pero el nuevo modelo por computadora demostró que cuando la pista se vuelve demasiado amplia, los encuentros son más raros y entran en escena nuevos solitarios: el número de monopolos asciende lentamente. Estas partículas-nudo, predichas por Gerard 't Hooft, nacieron justo después del Big Bang, en la época de inflación acelerada (idea de Alan Guth).
Este crecimiento lento cambia el escenario. Si hay más monopolos, podrían haberse convertido en parte de la materia oscura — la sustancia invisible que agrupa las galaxias — y haberse conectado con los fotones oscuros del sector oculto. Su atracción pudo haber generado agujeros negros primordiales, dejado ondas en las ondas gravitacionales y una huella en la radiación de fondo cósmico. El giro más inesperado: si antes se pensaba que sobrevivirían apenas unos pocos, ahora resulta que son miles, capaces de distorsionar la luz de las estrellas, delatándose ante los telescopios.
Según los cálculos antiguos, hoy quedarían solo unos pocos monopolos. El nuevo escenario da miles, y estos pueden curvar notablemente la luz de astros lejanos, como lentes invisibles.