Normalmente, un escáner de TC toma muchas radiografías desde distintos ángulos y arma una imagen tridimensional. Pero a veces los médicos solo escanean una zona pequeña —por ejemplo, un solo pulmón— y los datos se interrumpen. Es como un cocinero al que le dan a probar una cucharada de sopa y le piden que nombre la receta exacta de toda la olla.
El nuevo algoritmo resuelve este problema de otra manera: no inventa lo que falta, sino que actúa como un chef que comienza con una receta aproximada, añade ingredientes, prueba, compara con el sabor de referencia de aquella cucharada y repite muchas veces hasta lograr una coincidencia. A diferencia de los enfoques antiguos, donde los bordes se «desdibujaban» y las redes neuronales dibujaban detalles verosímiles pero falsos, este método preserva la nitidez y se aferra estrictamente a las mediciones reales.
El primer escáner de TC comercial apareció en 1971 y hacía una imagen de la cabeza en varios minutos; hoy los equipos son cientos de veces más rápidos.
Los escáneres médicos de «Star Trek» ven instantáneamente todo el cuerpo; el nuevo método nos acerca a ese sueño, incluso cuando solo se dispone de una pequeña fracción de información.