Cada átomo en un imán es como una diminuta aguja de brújula. Estas agujas pueden girar en diferentes direcciones, y de su danza colectiva dependen las propiedades de todo el material. Pero calcular esta danza directamente, átomo por átomo, es una tarea titánica incluso para los superordenadores.
El nuevo modelo, llamado STEP, asume el papel de director de orquesta. No intenta recalcular cada movimiento, sino que aprende a captar las reglas según las cuales las agujas magnéticas interactúan con el armazón del cristal (su red). STEP trata los momentos magnéticos como magnitudes continuas y construye para ellos una descripción matemática especial. Esta no depende de la rotación de todo el sistema, igual que una buena brújula siempre señala el norte, por mucho que la gires.
STEP no se limita a repetir lo aprendido. Captura interacciones magnéticas sutiles que antes se escapaban a los cálculos. Por ejemplo, para el compuesto Fe₂Mo₃O₈, el modelo describió por primera vez cuantitativamente cómo las ondas magnéticas se mezclan con las vibraciones de la red, formando partículas híbridas: los polarones de magnón. Además, las simulaciones de calentamiento permitieron calcular con precisión la temperatura de Curie (el punto en el que un imán pierde sus propiedades) para el cromo y el hierro: las cifras coincidieron con el experimento.
Este enfoque ahorra recursos computacionales y abre la puerta al diseño de nuevos materiales magnéticos sin un interminable tanteo de opciones. STEP no es solo una calculadora rápida, sino un modelo con intuición física que comprende cómo las agujas de los átomos se obedecen entre sí y al cristal que las rodea.
La temperatura de Curie del hierro es de 1043 kelvin (unos 770 °C). Por encima de este punto, el hierro deja de ser un imán, aunque sigue siendo sólido.