El universo temprano experimentó una rápida expansión: la inflación. Según una de las teorías, la fuerza motriz de este proceso (el inflatón) se comportaba como un axión, una partícula que interactúa con el campo de gauge a través de un acoplamiento especial (análogo al efecto Chern-Simons). Esta interacción funciona como una bomba: hace oscilar las fluctuaciones cuánticas del campo, convirtiéndolas en partículas reales. Parte de esta energía se convierte en ondas gravitacionales: ondulaciones del espacio-tiempo.
Los autores, por primera vez, siguieron todo el camino del nacimiento de las ondas: desde el lento rodar del inflatón hasta la etapa de recalentamiento (la transición de la energía del campo a partículas ordinarias) y luego a la era de dominación de la radiación. El momento clave ocurre después de la inflación, cuando el inflatón comienza a oscilar. Sus oscilaciones hacen que el parámetro de inestabilidad cambie rápidamente de signo, excitando ambas direcciones de helicidad del campo de gauge. Esto genera un estallido de ondas gravitacionales de alta frecuencia.
Tal señal podría ser la más fuerte conocida en altas frecuencias. Puede "escucharse" indirectamente, a través de su contribución al número efectivo de tipos de neutrinos (una medida de cuántas partículas ligeras llenaban el universo temprano). Además, el resultado da un fuerte impulso para construir nuevos detectores capaces de captar este ondulamiento directamente.
Las oscilaciones del inflatón después de la inflación hacen que el campo cambie la dirección de su helicidad tan a menudo que recuerda a un tenista que, después de cada golpe, cambia la raqueta de mano.
En la novela "Contacto" de Carl Sagan, una señal del espacio contenía instrucciones para una máquina que usaba ondas gravitacionales; aquí, la propia naturaleza nos deja un "susurro" de la inflación.