En una cámara delgada de vidrio con agua hierve la vida: millones de bacterias diminutas Thiovulum sp. ST, recién aisladas de una fuente natural, comienzan a moverse como un organismo único. Al principio están distribuidas uniformemente por la cámara, pero ya después de unos minutos el agua se pone en movimiento: aparecen grandes remolinos, similares a los que vemos en una olla de sopa que se está calentando.
Cada bacteria es un nadador diminuto con su propio "motor" (flagelo). Percibe dónde hay más oxígeno y nada hacia allí; esto se llama quimiotaxis. Al mismo tiempo, la bacteria es más pesada que el agua y tiende a asentarse en el fondo; esto es gravitaxis. Cuando millones de estos nadadores se reúnen, sus movimientos individuales se combinan en una poderosa corriente colectiva. Las capas superiores, donde hay más oxígeno, atraen a las bacterias desde abajo; estas, a su vez, arrastran el agua, y en la cámara se forman células convectivas, como en un caldo hirviendo.
Estas corrientes no solo son hermosas, sino que ayudan a la colonia a sobrevivir. Al mezclar el agua, las bacterias atraen nuevas porciones de oxígeno y nutrientes, y también eliminan desechos. El resultado es un sistema autosostenible: el movimiento crea las condiciones para la vida, y la vida mantiene el movimiento. El video de este trabajo recibió un premio en el concurso de videos científicos de la Sociedad Estadounidense de Física en 2025.
Las bacterias Thiovulum se encuentran entre los nadadores más rápidos entre los microbios: en un segundo pueden recorrer una distancia decenas de veces mayor que su propia longitud. Si una persona nadara con esa velocidad relativa, cruzaría una piscina olímpica en un par de segundos.
El movimiento colectivo de los microbios que crea corrientes visibles recuerda las tramas de ciencia ficción sobre enjambres inteligentes o "vida líquida", como en la novela Solaris de Stanisław Lem, donde el océano se comporta como un organismo único aunque está formado por innumerables elementos.