Dentro de cada célula hay gotas diminutas que no tienen membrana, pero funcionan como compartimentos independientes. Una de esas gotas está formada por cadenas de ARN y al principio se parece a una gelatina líquida: blanda, elástica, que cambia de forma con facilidad. Pero con el tiempo algo cambia en su interior. El centro se vuelve duro, como una esponja, mientras que los bordes siguen líquidos. Durante mucho tiempo, la razón de este comportamiento fue un enigma. Ahora, los científicos han simulado este proceso por ordenador y han encontrado la respuesta.
Cada cadena de ARN con fragmentos repetidos puede formar parejas con las cadenas vecinas. En el centro de la gota hay más de estas parejas, porque las moléculas están apretadas y se tocan con más frecuencia. Por eso las cadenas se entrelazan, como hilos en un ovillo, y el centro se solidifica. En el borde hay menos moléculas, tienen más libertad de movimiento, así que la gota permanece líquida durante más tiempo. Para comprobar hasta qué punto importa el orden de las letras, los científicos crearon dos gotas con la misma composición, pero con un orden diferente. Aquella en la que las letras estaban colocadas al azar envejecía varias veces más despacio.
Este hallazgo ayuda a entender por qué en algunas enfermedades aparecen grumos sólidos de ARN en las células. Si se consigue evitar que se endurezcan, quizá sea posible frenar el desarrollo de la enfermedad. Por ahora solo es una idea, pero ya está claro sobre qué hay que actuar.
En el núcleo de la gota los tiempos de relajación son seis veces mayores que en la periferia, y la densidad de nudos de enmarañamiento es cinco veces mayor. Y sin embargo, ambas secuencias tienen la misma composición de nucleótidos, pero distinto orden, y eso basta para que una envejezca cinco veces más rápido que la otra.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.