En una gran orquesta cada músico conoce su parte: el violinista lleva la melodía, el violonchelo sostiene el bajo, la flauta entra en los silencios. Si un día el violinista se pusiera a tocar la parte de la trompa, la música se desmoronaría, aunque los instrumentos siguieran intactos. Algo parecido ocurre en la red de vasos sanguíneos: las células que los recubren por dentro desempeñan un papel distinto en cada órgano. En los pulmones vigilan que las paredes de los capilares no dejen pasar lo que no deben, en el hígado capturan desechos, en el corazón ayudan a que crezcan vasos nuevos.
Con la edad, esa orquesta empieza a desafinar. Los científicos estudiaron 258 574 células endoteliales de los pulmones, los riñones, el hígado, el corazón y el cerebro de ratones de distintas edades y vieron cómo las células que envejecen olvidan poco a poco sus partes y se pasan a una melodía común. En lugar de los genes propios de su órgano, activan los mismos programas inflamatorios, como si de pronto todos los músicos tocaran el mismo motivo.
Esta pérdida de especialización tiene consecuencias concretas. En los pulmones, las células que antes mantenían la barrera empiezan a mostrar a las células inmunitarias fragmentos de proteínas, como si un guardafronteras, en vez de vigilar la frontera, repartiera panfletos a los transeúntes. Tras administrar una sustancia que daña los pulmones, en los ratones viejos se filtraba a través de las paredes de los vasos más colorante que en los jóvenes. En el hígado, las células encargadas de limpiar la sangre se convertían en células capilares corrientes, y en el corazón disminuía la capacidad de hacer crecer vasos nuevos.
Antes se consideraba que el envejecimiento vascular era un simple desgaste de las tuberías por las que corre la sangre. Ahora se ve que es más bien una pérdida de especialización: cada órgano se queda sin su endotelio a medida y recibe a cambio un trabajador versátil, pero menos hábil. El declive funcional empieza antes de que aparezcan signos evidentes de senescencia celular, así que hay ocasión de intervenir en una etapa temprana. La orquesta aún no se ha disuelto, pero ya toca otra música.
En ratones viejos, tras neutralizar el interferón gamma, el nivel de MHC-II en el endotelio de pulmones y riñones disminuía, pero el MHC-I permanecía igual. Esto indica que los distintos componentes de la presentación de antígenos se regulan de manera diferente. Además, en ratones viejos libres de microbios se mantenía la inducción de los genes de MHC asociada a la edad, es decir, la microbiota no es un desencadenante obligatorio de este proceso.
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