Una esfera de aluminio del tamaño de un globo terráqueo grande se sitúa en un haz de neutrones y responde a cada impacto con una nota precisa. Dentro de la esfera no hay nada más que nitrógeno y once pequeñas esferas de acero, cada una del tamaño de la cabeza de un alfiler. Cuando un neutrón entra en la esfera, arranca una partícula de un átomo de nitrógeno, y ese empujón se convierte en una señal eléctrica. Así funciona un detector que se ha calibrado por primera vez con neutrones de una única energía bien definida.
Los neutrones no dejan rastro directo en la materia porque no tienen carga. Para atraparlos se necesita un intermediario, y el nitrógeno resulta ser un buen traductor. El neutrón incide en el núcleo de nitrógeno y de él sale un protón o una partícula alfa. Esos fragmentos cargados ya se pueden ver: ionizan el gas y cada electrón libre se amplifica en el ánodo, como una avalancha que desciende por una ladera. Cuanta más energía tiene el neutrón, más fuerte es la señal, y por su altura se puede conocer la energía de la partícula.
Antes ya se habían probado estas esferas de nitrógeno con espectros continuos, donde los neutrones tienen energías diversas. Pero nadie las había calibrado con un haz monoenergético, donde cada partícula llega con una energía conocida de antemano. En Atenas, con un acelerador tándem se produjeron neutrones de siete energías distintas, de 0.75 a 2.75 MeV, y para cada una se midió la respuesta del detector. Resultó que la energía reconstruida crece en línea recta exactamente con la energía del haz. Para la reacción con emisión de partícula alfa, la pendiente de esa recta es igual a la unidad con un error de solo el uno y medio por ciento.
Esa respuesta lineal significa que la esfera no solo sirve como contador que dice «hubo un neutrón», sino como espectrómetro que dice «el neutrón tenía una energía de exactamente 1.8 MeV». Esto es importante para calibrar otros detectores y para controlar los campos de neutrones en las salas de aceleradores. La esfera oye cada impacto y responde con una nota precisa, como un diapasón afinado a la voz del neutrón.
El detector alcanzaba una ganancia estable solo 18 horas después de aplicar la alta tensión. La razón de esta lenta estabilización aún no está clara, pero después la ganancia se mantenía estable.