En el laboratorio subterráneo de Dakota del Sur, el detector LUX-ZEPLIN, lleno de xenón líquido, espera colisiones raras. Normalmente, las partículas de materia oscura lo atraviesan sin dejar rastro, pero un día un núcleo de xenón se desplazó con una energía de 248 keV. Ese es un empujón demasiado fuerte para los modelos habituales, donde la materia oscura apenas roza los núcleos. Los físicos buscaron una explicación que no contradijera todo lo demás que se sabe sobre el universo.
La respuesta apareció en un modelo con una partícula que actúa como un director: es invisible, pero dirige las interacciones mediante una carga débil dependiente del espín. Imagina que el director agita la batuta y los músicos solo responden si sus instrumentos están orientados de cierta manera. Así ocurre aquí: la materia oscura interactúa con los núcleos de xenón a través del bosón Z, y la fuerza de esa interacción depende de la orientación relativa de los espines. Para evitar señales débiles no deseadas, los autores ajustaron el acoplamiento con el bosón de Higgs para que desaparezca, como si el director bajara las manos en cierto momento.
Este modelo no solo explica el retroceso raro. Conecta tres cosas observables: el espectro de retrocesos en xenón, la cantidad de materia oscura que quedó del Big Bang y el flujo de neutrinos solares. Como un director que marca el ritmo a toda la orquesta, los parámetros del modelo determinan tanto la señal en el detector como la densidad cosmológica y la captura solar. Los científicos calcularon que, con una masa de partícula de unos 0.5 TeV y una fuerza de acoplamiento del orden de 0.1, se esperan entre 0.5 y 2 eventos en la ventana de energías de 100 a 270 keV, lo que concuerda con la observación. Además, la densidad reliquia cae en el rango adecuado, y los neutrinos solares producidos por la aniquilación de materia oscura ya están parcialmente restringidos por IceCube.
El director continúa su trabajo: la mano invisible de la materia oscura puede dejar huellas no solo en detectores de xenón, sino también en telescopios de neutrinos. Las búsquedas mejoradas en IceCube y en futuras instalaciones reducirán la región de parámetros permitida, y en colisionadores como el FCC-hh o un colisionador de muones se podrán buscar compañeros cargados de la materia oscura mediante eventos con leptones suaves y energía faltante. Así, un retroceso raro en un detector se convierte en la clave para probar una teoría unificada que conecta la materia oscura, el Sol y el universo temprano.
El evento de LZ tiene una significancia local de 3.4σ, pero global de solo 2.6σ, lo que no es suficiente para un descubrimiento, pero sí para estimular modelos teóricos.
La idea de una materia oscura que interactúa a través de fuerzas débiles y deja rastros raros en los detectores resuena con la novela 'Dark Matter' de Blake Crouch, donde el protagonista se enfrenta a una sustancia invisible que altera la realidad.