Si pesamos un puñado de monedas del mismo valor pero de distinta acuñación, solo obtendremos el peso medio. En cambio, si las separamos por su forma, se verá cuál se dobla con más facilidad. Con el ADN pasa algo parecido: en disolución puede adoptar varias formas con la misma masa, y el método convencional solo captaba el promedio. El nuevo enfoque añade una clasificación por forma y ahora cada una puede estudiarse por separado.
Gracias a este método, los científicos vieron que una forma del ADN se despliega tres veces más rápido que otra. Esto importa porque tales estructuras pueden ser dianas de fármacos contra el cáncer, y conviene saber qué forma es más estable. Ahora se pueden probar los medicamentos con más precisión, sin temor a que el resultado se eche a perder por la mezcla de otra forma.
Los cuádruplex de guanina pueden formar estructuras que recuerdan a una pila de tortitas: las tetradas planas de guanina se apilan unas sobre otras y entre ellas, como si fuera el relleno, se alojan los iones de potasio.
La idea de separar moléculas por su forma en fase gaseosa recuerda al «clasificador» ficticio de un relato de Philip Dick, donde los objetos se ordenan por rasgos poco evidentes. Solo que aquí, en lugar de un dispositivo fantástico, hay un tubo de deriva con helio.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.