El diminuto gusano Caenorhabditis elegans tiene un interruptor que activa el programa de la vida larga. El chasquido es una señal de que falta oxígeno. Ya se sabía que, si ese interruptor se activa de forma artificial, el gusano vive más tiempo. Pero cómo llega la señal desde el sistema nervioso hasta los órganos seguía siendo un enigma.
Los autores del nuevo trabajo recorrieron todo el cableado. Encendían y apagaban genes en células nerviosas concretas del gusano y observaban cómo afectaba eso a la duración de la vida. Resultó que el primer eslabón son las neuronas ADF, que liberan la sustancia serotonina. Si se activan estas neuronas, el gusano vive un 26% más. Después, la señal pasa a la neurona RIS a través de un receptor especial, SER-7. Si se elimina la neurona RIS, el efecto desaparece. En la cadena también participan otras sustancias señalizadoras: la tiramina y el neuropéptido NLP-17. Todas confluyen en el gen fmo-2 del intestino, que es el que pone en marcha la longevidad.
Así, el interruptor de la red neuronal del gusano no resultó ser un simple apagador, sino todo un sistema de transmisión de señales. Ahora los científicos saben qué células y qué moléculas concretas son responsables de la longevidad. Esto podría ayudar a crear fármacos que retrasen el envejecimiento sin provocar efectos secundarios.
El gusano C. elegans tiene solo 302 neuronas, y los científicos conocen a cada una por su nombre. En este trabajo aparecen neuronas llamadas ADF, NSM, RIS, RIM, BAG, URX, AQR y PQR: todo un zoológico, pero cada una desempeña su papel en el circuito de la longevidad.
No publicado en arXiv. Aquí están su página, el PDF y la formalización: puede comprobarlo usted mismo, no solo leer nuestro análisis.