
En 2005, los científicos Charles Kane y Eugene Mele predijeron teóricamente que el grafeno podría ser un aislante topológico. Sin embargo, debido al débil efecto, esto no ocurrió. En 2007, Laurens Molenkamp y su grupo crearon por primera vez un aislante topológico basado en telururo de mercurio. Desde entonces, se han descubierto muchos materiales similares.
El secreto está en la topología, una rama de las matemáticas que estudia propiedades que no cambian bajo deformaciones suaves. Los estados cuánticos de los electrones en tal cristal están 'retorcidos', y este retorcimiento se conserva. Por lo tanto, en la superficie los electrones se ven obligados a moverse en una dirección determinada, sin cambiar de rumbo incluso al chocar con irregularidades del cristal. Es similar a cómo el agua de un río rodea una piedra sin detenerse.
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