Una cadena de átomos de carbono se asemeja a una cuerda con pesas. Donde la tensión se relaja, las ondas se atascan; así están hechos los materiales en los que la corriente fluye solo por los bordes. Pero cuando los electrones empiezan a repelerse, en esa cuerda se forman espontáneamente nudos. Estos nudos no son simples perturbaciones. Cambian la carga colectiva de toda la cadena. La repulsión añade dos correcciones a la carga de cada partícula: la primera es la conocida "piel" de electrones vecinos, y la segunda es un nudo que no se puede desatar. Ese nudo corre a lo largo de la cadena sin cambiar de forma, como un nudo marinero en una cuerda mojada, solo que se aprieta.
Efectos similares ya se manifiestan en finas pistas conductoras sobre cristales. Comprender cómo la repulsión genera carga fraccionaria acercará la creación de una electrónica inmune a las interferencias, donde la señal viaja por nudos indestructibles.
En la vida cotidiana, la carga del electrón es una constante indivisible. Sin embargo, dentro de la materia, donde los electrones están apiñados, su carga efectiva puede cambiar, como una moneda que pasa de mano en mano y pierde o gana una "comisión". Y en los nudos descritos, esa comisión llega a tal punto que la carga se divide por la mitad.