Sobre los océanos cálidos, como una serpiente gigante, avanza una onda de aire húmedo. Se mueve lentamente, a la velocidad de una persona caminando, y arrastra lluvias consigo. Los científicos quieren entender por qué esta onda aparece y desaparece, y para ello han construido un modelo muy simple, como un esqueleto que sostiene las partes más esenciales.
Antes, a este esqueleto se le daba un calentamiento y un enfriamiento uniformes durante todo el año, como si en los trópicos siempre hiciera el mismo tiempo. Ahora, por primera vez, se le han dado datos reales: cuánto calor se liberaba con las lluvias y cuánto se perdía hacia el espacio, mes tras mes. El esqueleto cobró vida y empezó a comportarse casi como la onda real: duraba aproximadamente los mismos días y tenía la misma intensidad.
Es como si un hombre esqueleto caminara perfectamente, pero no sintiera frío en invierno. Para percibir las estaciones no bastan solo los huesos; también hacen falta piel, sangre y nervios. Ahora los científicos saben que deben añadir al modelo la interacción con el océano y otros detalles para que empiece a notar las épocas del año.
El modelo esqueleto de la MJO tiene solo tres parámetros y una no linealidad cuadrática, pero reproduce la velocidad de fase de 5 m/s y la relación de dispersión plana, algo que no siempre logran los modelos climáticos complejos.