Imagina un equipo de cuarenta meteorólogos que pronostican El Niño, la corriente cálida del océano Pacífico que afecta al clima en todo el mundo. Cada uno utiliza el mismo modelo informático, pero con condiciones iniciales ligeramente diferentes, por lo que sus pronósticos varían un poco. Normalmente se promedian los cuarenta pronósticos, asumiendo que todos son igual de buenos. Pero no es así: algunos participantes son sistemáticamente más precisos que otros.
Los científicos comprobaron si es posible identificar de antemano a los mejores. Tomaron 40 pronósticos de la temperatura del océano en la región de El Niño y compararon cada uno con las observaciones reales de 30 años. Para cada plazo de pronóstico y cada estación, seleccionaron a los cinco participantes más precisos según dos criterios: cuán cerca se predice la intensidad del fenómeno y cuán exactamente se acierta el momento de su aparición. Luego combinaron esos cinco pronósticos con pesos que dependen de la frecuencia con la que cada participante estuvo entre los mejores.
El resultado es impresionante: en plazos cortos la ventaja es pequeña, pero hacia el mes 23, la correlación entre el pronóstico y la realidad aumenta en 0.43, es decir, un 172%, y el error disminuye un 22.5%. La mejora es especialmente notable en las estaciones de transición, cuando es crucial predecir con precisión el inicio y la madurez de El Niño. Antes no estaba claro si se podía aprovechar la dispersión de calidad dentro del conjunto. Ahora está claro: en un conjunto de 40 pronósticos siempre hay un subgrupo de 5 a 10 miembros que predice El Niño de forma notablemente más precisa que el promedio, y la ventaja crece con el plazo.
Este método se puede integrar en los sistemas operativos de pronóstico del tiempo como una forma económica de aumentar la precisión sin modificar los modelos. El siguiente paso es aprender a reconocer a los participantes fuertes en tiempo real, cuando aún no se conocen las observaciones futuras. Si se logra, el equipo de cuarenta meteorólogos será aún más preciso, porque el entrenador solo pondrá en juego a los jugadores probados.
En el horizonte de 23 meses, los cinco participantes seleccionados logran una correlación superior al promedio del conjunto en 0.43, como si el pronóstico se volviera casi una vez y media más 'sincronizado' con la realidad. Y todo sin que el costo computacional aumente ni un céntimo.