Dos telescopios — Swift/BAT y NuSTAR — observaron durante veinte años seguidos el mismo par de estrellas: una estrella de neutrones y su vecina gigante. La estrella de neutrones es el resto de una estrella que explotó, comprimido hasta el tamaño de una ciudad, y su campo magnético es tan intenso que obliga a los electrones a girar en espiral, como hilo en un carrete. Cada vuelta emite rayos X de una energía estrictamente determinada, como una nota de un diapasón. Esa nota se llama línea ciclotrón, y por su altura se puede saber cuán fuerte es el campo magnético en la superficie.
Durante muchos años, la nota descendió lentamente — el campo magnético parecía debilitarse. Pero hacia 2020 el descenso se detuvo. Y entonces ocurrió lo inesperado: entre 2020 y 2023, la nota saltó bruscamente hacia arriba, como si alguien hubiera afinado una cuerda. Es la primera vez que se ve un salto así. Significa que el campo magnético o el flujo de materia que cae sobre la estrella se reestructuraron de repente. Quizás apareció una nueva mancha con un campo más intenso en la superficie, o la materia empezó a caer con otro ángulo.
Ahora los astrofísicos tienen una oportunidad única: observar cómo el campo magnético de la estrella de neutrones vive su propia vida, no en millones de años, sino ante nuestros ojos. Veinte años de observaciones se han convertido en una película donde se ve cada respiración del corazón magnético.
La línea ciclotrón de Vela X-1 se encuentra en el rango de rayos X duros, alrededor de 25 keV. Esto es miles de veces más energético que la luz visible. Para captarla se necesitan telescopios fuera de la atmósfera, porque el aire terrestre absorbe por completo esa luz.
En la novela «Tormenta de neutrones», el campo magnético de un púlsar se reestructura de repente y arrasa naves en un sistema vecino; en Vela X-1 ese salto se ha registrado por primera vez en la realidad, pero, afortunadamente, sin catástrofes cósmicas.