Dentro de los protones acelerados a casi la velocidad de la luz, a veces nace una partícula más pesada que un átomo de oro: el quark top. Vive fracciones de segundo insignificantes y se desintegra, dejando un rastro en el detector ATLAS. Los físicos estuvieron cuatro años recopilando estos rastros para comprender con qué frecuencia aparece el quark top y su gemelo especular, el antiquark.
Resulta que la teoría predice estos eventos bastante bien, pero no perfectamente. Las discrepancias son especialmente notables cuando el quark sale con un gran momento transverso, como si una pelota, tras el golpe, volara un poco más lejos de lo esperado según los cálculos. Esto podría ser simplemente una imprecisión de las mediciones, o podría ser un indicio de fuerzas desconocidas.
Para comprobar si hay física nueva aquí, los científicos aplicaron un método especial: buscaron desviaciones en un parámetro de la teoría. Este parámetro describe cómo interactúan cuatro quarks a la vez, sin pasar por las fuerzas ordinarias. Si resultara ser distinto de cero, sería un descubrimiento. Por ahora los datos dicen que el parámetro es muy pequeño, pero las mediciones continúan.
En resumen, el panorama es casi claro: el Modelo Estándar se mantiene, pero los bordes de sus predicciones tiemblan ligeramente. Quizás en esos temblores se esconde algo nuevo, o quizás solo necesitamos medir con más precisión.
El quark top es tan pesado que para producirlo se necesita una energía cientos de veces mayor que la masa del protón, por lo que solo se obtiene en los aceleradores más potentes.