En lo profundo de un laboratorio subterráneo, un detector del tamaño de una habitación espera un evento que podría ocurrir una vez cada cien mil millones de años. Es la doble desintegración beta sin neutrinos, un proceso que violaría una de las leyes más importantes de la física. Para atraparlo, se necesita un silencio perfecto: ni un solo átomo radiactivo extra en los materiales del detector.
Las resistencias comunes, pequeñas piezas que controlan las señales eléctricas, a menudo contienen impurezas que son radiactivas por sí mismas. Para el experimento nEXO, los científicos fabricaron resistencias de silicio amorfo, el mismo material de los paneles solares, pero sin la red cristalina. Lo "condimentaron" ligeramente con otros elementos para que conduzca la electricidad justo en la medida necesaria.
Los prototipos resistieron la prueba del frío hasta menos cien grados, voltajes de miles de voltios y permanecieron suficientemente puros. Además, reflejan bien la luz ultravioleta que nace dentro del detector. Es como un espejo en una habitación oscura: cada fotón debe quedarse dentro para que la señal no se pierda.
Ahora se perfeccionará la tecnología para que estas resistencias puedan usarse no solo en nEXO, sino también en otros instrumentos donde la pureza estéril sea crucial.
La doble desintegración beta sin neutrinos nunca se ha observado, pero si existe, demostraría que el neutrino es su propia antipartícula.