En un campo hay un tanque de agua que normalmente capta partículas del espacio. Ahora vigila cuánta humedad hay en la tierra bajo sus pies. El agua del tanque sirve como trampa para neutrones: partículas diminutas que salen del suelo cuando los rayos cósmicos lo golpean. Cuanto más seco está el suelo, más neutrones escapan y más a menudo los registra el tanque. Es como un eco: por el volumen de la respuesta se puede saber qué tan densa es la barrera.
Antes, para medir la humedad, se insertaban sondas en el suelo, lo que requería mucho trabajo y dañaba el campo. El nuevo método no toca la tierra: el tanque permanece en la superficie y los neutrones traen la información desde la profundidad. El dispositivo detecta incluso pequeños cambios de humedad, algo importante para un riego preciso. En experimentos con tierra seca y húmeda, la señal cambiaba notablemente, y un modelo informático confirmó la relación entre el número de neutrones y la humedad.
Este método es un puente entre la física de partículas y la agricultura. El agricultor podrá ver dónde el suelo ya está seco y regar solo las zonas necesarias. El agua no se desperdicia y los cultivos se mantienen sanos. Claro, el dispositivo aún es algo caro y no sirve para todos los tipos de suelo, pero los primeros pasos son prometedores. Quizás pronto veamos tanques en los campos que escuchen la tierra y nos digan cuándo necesita agua.
En suelo seco, los neutrones se dispersan más lejos que en suelo húmedo: el agua los frena, como una gelatina espesa frena una cuchara.
En la novela 'Dune' de Frank Herbert, los habitantes del planeta desértico usan trajes especiales que recogen y reciclan la humedad del cuerpo; allí cada gota de agua es oro, y un control preciso de la humedad sería invaluable.