La radiación de rayos X procedente de las inmediaciones de un agujero negro no llega de inmediato. Parte de ella cae primero sobre el disco de gas incandescente, se refleja y solo entonces viaja hacia el telescopio. Ese retraso es como un eco en las montañas: primero se oye el sonido directo y luego la respuesta de la roca.
En la galaxia IC 4329A, los astrónomos captaron ese eco del llamado joroba de Compton, un aumento de emisión en energías de 20 a 30 kiloelectronvoltios. El retraso fue de unos 1825 segundos en frecuencias bajas y se reducía hasta 195 segundos en frecuencias más altas. Esto indica que los rayos X se reflejan en las regiones internas del disco, que se encuentran muy cerca del agujero negro.
A partir de la forma del eco se pudo reconstruir la masa del agujero negro: resultó ser aproximadamente 137 millones de veces la masa del Sol. También se midió la altura de la corona, la nube de partículas incandescentes sobre el disco: equivale a unos 2,45 radios del agujero negro. Estas cifras coincidieron con estimaciones previas obtenidas por otros métodos.
El eco de rayos X permite asomarse a las regiones más centrales, donde los telescopios convencionales no distinguen detalles. Con cada nueva medición, el panorama se vuelve más fiable: ya cinco galaxias han mostrado un comportamiento similar. Esto significa que el método funciona y que en el futuro permitirá pesar agujeros negros sin necesidad de suposiciones complejas.
Un retraso de 1825 segundos equivale a aproximadamente media hora. En ese tiempo, la luz podría dar más de 13 vueltas a la Tierra por el ecuador.
En la película Interestelar, el retraso de la señal cerca del agujero negro Gargantúa juega un papel clave, y aunque allí se trata de otro efecto, la idea del 'eco' de un agujero negro es muy cercana.