En una habitación oscura, un cazador espera un susurro apenas audible. Así, los físicos llevan años escuchando las señales de las partículas de materia oscura, esa sustancia invisible que mantiene unidas las galaxias pero no brilla. El nuevo detector agudiza este 'oído' cien mil veces.
Dentro del aparato hay gas SF₆ (el mismo que apaga chispas en las redes eléctricas). Cuando una partícula atraviesa el gas, arranca electrones. Antes, estos electrones se amplificaban débilmente y las huellas se perdían. Ahora, dos placas, MMThGEM y Micromegas, funcionan en cascada: cada avalancha de electrones genera otra nueva, y la señal crece hasta 122 000 veces. Es un récord para este gas.
Lo principal es que el aparato no solo 'oye' la partícula, sino que también muestra de dónde viene. Si la materia oscura resultara ser un flujo de partículas que sopla a través del sistema solar, el detector lo notaría: las huellas se alinearían con el viento. Es como determinar la dirección de la lluvia por las franjas mojadas en el cristal.
Ahora, este 'oído' tan sensible se puede instalar en grandes volúmenes de gas, hasta del tamaño de una habitación. Y, por tanto, la posibilidad de atrapar la esquiva partícula deja de ser una lotería y se convierte en cuestión de tiempo.
El gas SF₆ es tan denso que un pequeño bote podría flotar en él, pero en el detector está a baja presión, por lo que las partículas lo atraviesan como si fuera una niebla enrarecida.
En la serie 'Materia oscura', los personajes buscan una sustancia misteriosa que controla el cosmos; parece que los detectores reales pronto podrán ver su rastro.