En el centro de la colisión de dos núcleos de plomo nace por un instante una diminuta bola de fuego: materia tan caliente que los protones y neutrones se funden, y los quarks y gluones nadan libremente en esa 'sopa'. Esa sopa se llama plasma de quarks y gluones. Existió en los primeros microsegundos después del Big Bang, y ahora se recrea en los aceleradores.
En esta sopa nacen partículas que contienen quarks pesados, como los mesones D con un quark encantado. Los físicos de la colaboración CMS han medido cuán desigual es la dispersión de los mesones D con un quark extraño añadido (D±s) en diferentes direcciones. Esta desigualdad, o anisotropía, muestra cuán fuertemente interactúan las partículas con el medio: cuanto mayor es la fricción, más notable es el 'aplanamiento' del flujo. Resultó que los D±s se comportan igual que los mesones D0 ordinarios sin quark extraño.
Este resultado indica que, en la sopa caliente, la extrañeza no otorga privilegios especiales a las partículas encantadas. Pierden energía por igual y se agrupan en el flujo de la misma manera. Estas mediciones son como muestras de suelo de diferentes profundidades: ayudan a reconstruir cómo está estructurado el plasma de quarks y gluones y cómo se enfría.
El plasma de quarks y gluones es la materia más caliente jamás creada por el ser humano: su temperatura es miles de veces superior a la del centro del Sol.
En la serie 'Star Trek', el plasma de quarks y gluones se menciona como combustible para los motores de las naves espaciales.