Dentro del protón, los quarks se atraen mediante gluones, como si estuvieran unidos por resortes. Si sueltas un quark, el resorte se estira y se rompe, generando un quark nuevo. Así funciona la interacción fuerte, y calcularla en tiempo real con una computadora ordinaria es casi imposible: hay demasiadas posibilidades y todas están entrelazadas.
Entra en escena la computadora cuántica. En este trabajo, los 156 cúbits de un procesador de IBM representaron el comportamiento de una partícula en una retícula de 60 nodos. Los científicos usaron una codificación ingeniosa: no registraron cada resorte por separado, sino que siguieron solo los patrones ya formados, como un artista que dibuja no trazos, sino figuras completas.
Como resultado, en la pantalla apareció un mesón en movimiento: un par quark-antiquark. Se desplazaba por la retícula y pulsaba ligeramente, como una cuerda tensa después de un pellizco. La frecuencia de esa pulsación se midió y se comparó con los cálculos de computadoras clásicas. Coincidió.
¿Por qué es importante? La interacción fuerte gobierna el mundo de los núcleos atómicos. Entenderla en sus mínimos detalles significa comprender mejor de qué está hecha la materia. Las computadoras clásicas se rinden ante estos problemas, mientras que las cuánticas, aunque todavía ruidosas e imperfectas, ya dan sus primeros pasos. Y esos pasos son hacia el interior del núcleo.
El procesador en el que se realizó el cálculo se enfría a una temperatura más baja que la del espacio exterior: unos 15 milikelvin, cien veces más frío que la radiación de fondo de microondas.
En la serie "Devs", una computadora cuántica se usa para simular un universo entero; aquí, por ahora, se simula una sola partícula, pero todo camino comienza con un primer paso.