Dos partículas vinculadas intercambian energía: una cede, la otra recibe, pero juntas mantienen el equilibrio. Si solo observamos la primera, sus oscilaciones parecen eternas: el compañero oculto actúa como un motor invisible. Esto recuerda a los cristales de tiempo, estructuras que cambian cíclicam
arXiv:2605.19917 · 2026-05-19